Cuando la crisis en la Iglesia se acentúa con misas vacías, y 4.200 parroquias sin cura y  además de 7.000 frailes y monjas que dejaron de cotizar, parece ser que algunos sacerdotes aún no avanzan, mientras otros se van de discotecas, todavía quedan sacerdotes estancados en los tiempos. 

La historia ha ocurrido en la ciudad andaluza de Sevilla, cuando una pareja de transportistas (Juan y Ana),  que después de varios años de noviazgo y convivencia,  un día decidieron sellar su amor en compañía de amigos y familiares, con una boda por la iglesia, ya que los dos son religiosos, aunque no practicantes.

Habiendo concertado la boda con todas las garantías, con el párroco del barrio donde residían, todo iba sobre ruedas y la pareja se prometía momentos felices. La preparación del banquete para 300 invitados, las flores, el vestido, las invitaciones… ¡y el coche nupcial?… De mutuo acuerdo,  Juan iría a buscar a la novia en su camión, un DAF XF Euro 6 decorado, una obra de arte con ruedas que es la expectación allá por donde va.

Habiendo llegado el momento, tan feliz y deseado por los dos, durante la mañana del domingo, Juan con toda la ilusión del momento va en busca de la novia  y ambos se desplazan a la capilla. en medio de una gran expectación, con las calles abarrotadas de amigos y curiosos por el evento…  La cosa se complica, cuando a la llegada de los novios a la iglesia, les esperaba el sacerdote, rodeado de unos cuatro monaguillos y algunos feligreses, gesticulando con las manos y la cabeza que “NO”

La boda fue  suspendida y anulada con todas sus consecuencias, según el párroco, por que en su iglesia no se permiten mujeres desnudas y almas endemoniadas. 

 

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